domingo, 18 de noviembre de 2012

La segunda frase número dieciséis.

La segunda frase número dieciséis de una historia que nunca imaginé pero que siempre soñé. Así partió todo, de la causa y efecto, de la consecuencia de hechos afortunados y desafortunados. Así llegué a tu vida, sin nada más que mis zapatillas gastadas que de caminos se cansaron de encontrar lo que no calzaban. Así asomaron piececitos felices, que de huellas casi perfectas se encontraron, se marcaron en la arena de magia, esa que no se borra, esa que se convence de que es para siempre. Es que lo que es eterno necesariamente comenzó con la convicción de serlo. Y me sobran los motivos para ser porfiado y armarme de mañas convencidas de que fuiste mi regalo más grande, para descansar en tu orilla, para perdernos en la espuma de un mar que desborda mis alegrías. Así llegué a tu vida, sin mas que ofrecer que mi hombro, mi mano, mi vida y mi alma. Se entrelazó tu camino y el mío como quién trenza el trigo y los suspiros, se asomó la golondrina vestida de fiesta, se desvistió la mariposa de los colores, se enamoró la noche de mis ojos en el sol que nace en tus pupilas. Se completó la segunda frase, la dieciséis que juega a ser veintinueve, la que narra mi cuento preferido, aquél que trae los finales felices.