cuando nací tan lejos de la alameda,
descubriendo piñones en los dedos,
despertando con olor a tierra húmeda.
Es fácil verte de lejos cuando escucho la leña seca,
aún que viaje dormido en la distancia
siempre regreso a tu encuentro,
al momento cuando desperté en mi infancia
saltando de charco en barco,
navegando tus campos sin vela.
Me miras con tus luciérnagas de enero
así como perdonando mis mañas de niño.
Se escapa el carnero por la mañana
y busco el colihue de mi abuelo,
me pongo las botas y el abrigo,
solo me falta su sombrero.
Es difícil encontrar el norte
si crecí entre un mate y sopaipillas,
conociendo gente buena en cada esquina
con sonrisa que adornaba sus mejillas.
Es fácil querer encontrar mi norte en el sur,
una muchacha de corazón trigo,
de ideales que trepen araucarias,
que disfrute una simple copa de vino.
Me miras con tus ojos tan estrella
que me da por imaginar copihues en el cielo
espero que florezcan acá en mi casa
dónde la vida es más sencilla y hojarasca.

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